SALMO 51
Confesión y Arrepentimiento
El primer versículo
de este capítulo dice: “Ten piedad de mí,
oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades
borra mis rebeliones”. Lo que inmediatamente viene a mi mente al momento de
leer estas palabras es el estado en el que se encontraba David para escribir
tal ruego. Mi Biblia dice como nota introductoria al capítulo: «Salmo de David,
cuando después que entró a Betsabé, vino a él Natán el profeta» esta breve pero
profunda introducción me aclara el momento por el cual estaba pasando David.
Sin duda el dialogo con el profeta Natán, lo dejaría marcado de por vida. Al momento
de comprender David la magnitud de su pecado (pecado en singular pero como una
serie de pecados que a raíz de una mala decisión se fueron desencadenando uno
tras otro). Tan solo un momento de placer, ocasionado simplemente por la mala decisión.
Me imagino que
todo comenzó en un momento en que David decidió no ir a la guerra y escogió
quedarse en su palacio y descansar mientras todos sus ejércitos, incluyendo sus
valientes, peleaban por él. Tan solo esa decisión de cambiar las prioridades de
la nación, por simplemente sus prioridades, resulto en el desenvolvimiento de
una cadena de errores, pues me imagino que se levantó de su cama y salió a su
terraza a contemplar los paisajes que se podían apreciar desde ella, y vio a
una bella mujer bañarse desnuda. Esto produjo que sus pasiones más bajas fueran
aflorando hasta llegar al punto en que tomase a la esposa de Urías, uno de sus
valientes, que estaban en el campo de batalla, peleando y arriesgando su vida
por la ciudad y por su rey. Por si no fuera poco después de enterarse que esta
mujer había quedado embarazada producto de esta relación, prácticamente,
condeno a la muerte a Urías.
Tres grandes
pecados (dentro de muchos otros).
1.
No cumplir con su destino, ni con su misión
2.
Codiciar una mujer ajena, hasta el punto de traerla hacia sí y meterse con
ella
3.
Asesinar al esposo.
Este fue el
gran mal que hizo David, a lo largo de su vida, y si no es por la misericordia
de Dios, que envió a su siervo Natán a comunicarle sus pecados, David, quizás no
se hubiera dado cuenta.
Es por esto
que en este capítulo podemos contemplar a David, humillándose ante y suplicando
en virtud a la magnificencia y misericordia del creador con el fin de que le
perdonase. Llama la atención que no tan solo se queda en la petición de que Dios
le perdone sus rebeliones, sino que lo transforme desde su interior, pues su
vida está embargada por el pecado desde du gestación, es por eso que clama por
un cambio corazón y a raíz de esto su vida entera, su forma de enfrentarla y su
forma de conducirse por este camino abrumados por la tentación.
En David nos vemos
a nosotros como cristianos, que caemos una y otra vez, que nos sentimos tentados
por las pasiones terrenales, las mismas que pueden hacernos caer a nosotros
hoy. Pero al igual que a lo largo de la historia de la humanidad vemos a Dios
en un papel activo, no esperando que nosotros le busquemos, sino que lo podemos
ver siempre buscándonos y ofreciéndonos su perdón. David lo entendió de una
forma muy fuerte y trágica, sin embargo cuando logro ver su condición se
humillo profundamente, reconociendo su maldad y alabando al creador por su
inmensurable amor y apelando a él.
Todos somos
pecadores y estamos destituidos de la gloria de Dios y esto es lo maravilloso
de la vida cristiana, pues Dios no nos ama porque seamos buenos, Dios nos ama
porque Él es bueno, y tal como estuvo dispuesto a perdonar a David, está
dispuesto a perdonarnos a nosotros hoy.
Por: José Gajardo